Cátedra de Filosofía del Derecho

Tuesday, October 10, 2006

LA ÉTICA PROFESIONAL DEL ABOGADO


Valentina Cabello Salazar
Filosofía del Derecho
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales
Universidad de Concepción



Introducción


El problema de la ética profesional es un típico problema iusfilosófico, en el cual conceptos propios de la ciencia del derecho se ven estrechamente involucrados con otros que pertenecen a la esfera de la filosofía. Respecto al tema se plantean numerosas discusiones, las cuales sacan a relucir concepciones y opiniones diversas de filósofos y juristas respecto del derecho, la ética en general y la ética profesional, así como también de la relación entre estos temas. Así podemos mencionar, a manera de ejemplo, que mientras para Kelsen sólo pueden tomarse en cuenta las normas positivas, morales o jurídicas, las cuales serían el producto de un acto humano de voluntad, existiendo dicotomía absoluta entre la ética y el derecho, siendo ambos sistemas completamente autónomos; para los autores iusnaturalistas, como Santo Tomás de Aquino y Aristóteles, la armonía entre la ética y el derecho es imprescindible.

Respecto a la justificación de la ética profesional, a la razón de su existencia y finalmente a la importancia creciente de ella, mencionaremos al famoso pensador Ortega y Gasset quien, en su obra ya cincuentenaria, intitulada “La rebelión de las masas”, constató que el mundo actual sufría una grave desmoralización, lo que se traduce en un claro proceso de desorientación, producto de una amnesia cultural y de un hedonismo moderno, orientado claramente hacia el consumo.En definitiva, la ética se ha ido vaciando de su contenido ético producto del olvido de su fundamento ontológico en la persona.

La situación enunciada lleva a las sociedades a buscar en el derecho, o mejor dicho en las reglas de la convivencia social, una especie de sucedáneo de la moral personal. Es aquí donde adquiere importancia la búsqueda de consensos éticos y, ¿por qué no?, de posibilidades de positivizar principios que son propiamente morales.

Nacen así, y con mucho auge en los últimos tiempos, las “éticas aplicadas” las cuales impelen a determinados colectivos o sectores de la sociedad –por lo común agrupaciones o segmentos profesionales- a preguntarse cómo deben comportarse en sus respectivas áreas de trabajo para que su conducta pueda recibir aprobación desde un punto de vista moral. Se trata de colectivos que aspiran a ser juzgados no sólo en su eficiencia y tampoco únicamente en la legalidad o juridicidad de sus actuaciones, sino en la moralidad de éstas. Ética judicial, ética forense, ética periodística, ética médica, ética empresarial, ética política. Ellas estatuyen cómo debe conducirse una persona en determinados ámbitos de trabajo de acuerdo a lo que moralmente se espera de cada uno de éstos en particular.

En el presente trabajo, lejos de una pretensión de abarcar el tema de manera pormenorizada, se presentarán ciertos aspectos que he estimado importantes de mencionar, una pincelada sobre ciertos elementos conceptuales, estructurales (análisis del código de ética profesional) y doctrinales.

1- Conceptos filosóficos preliminares

Para abordar el tema de la ética profesional es necesario referirse a nociones básicas como lo son la ética y sus diversas concepciones, la profesión y la vocación.

La profesión se puede definir como la actividad personal, puesta de una manera estable y honrada al servicio de los demás y en beneficio propio, a impulsos de la propia vocación y con la dignidad que corresponde a la persona humana.

Vocación es por su parte la disposición que hace al sujeto especialmente apto para una determinada actividad profesional.

Respecto a la ética, podemos definirla como la ciencia filosófica que tiene por objeto el estudio de la moral (de lo bueno y de lo malo) y se aplica al hombre que vive en sociedad. Es la ciencia que estudia la maldad o bondad de los actos humanos.

La moral es un conjunto de normas que rige la conducta humana (moral normativa) que son aplicables a los hombres libres y conscientes (moral fáctica), es una norma de valores que nos llega desde afuera, del grado cultural y el hombre “los asimila y los capta”. Es la valorización de la ética.

Es preciso señalar que existen muchas teorías que intentan definir lo bueno y lo malo, son las diferentes éticas que a lo largo de la historia se han concebido. A saber:

1. - Teoría Hedonista. Hedonista, viene del griego HEDONE, que significa PLACER. Lo bueno es el placer y lo malo es lo que nos provoca dolor.

2. - Teoría Eudomonista. El bien es la que nos da felicidad. Para Sócrates es aquella que nos da el conocimiento. El ignorante es infeliz, es malo.

3. - Teoría Utilitarista. En el campo de la economía se da esta teoría. Consiste en que el bienestar de cada individuo está en la utilidad. Hay clases de utilitarismo:


a) Utilitarismo Individual. Persigue el bienestar de un solo hombre. Propugna el egoísmo ético.

b) Utilitarismo colectivo. Persigue el bienestar de la comunidad, en desmedro del bienestar propio. Se habla de un altruismo.

c) Utilitarismo Ecléctico. No es un bienestar propio ni el del otro en perjuicio del mismo el importante. Debe existir un equilibrio y se habla de un bienestar universal. Stuar Mill señala que si queremos arreglar una comuna pobre, no pedemos echar abajo todo y construir de nuevo, sino que se pretende arreglar mejor todo. Debe ser igualitarista e igualitaria.

4. - Teoría del Vitalismo. Lo bueno e importante es la vida. Nietche, nos dice que el hombre es lo principal. Hay que buscar el bien a todo el hombre colectivo.

5. - Formulismo Kantiano. El bien se obtiene a través del hombre el que utiliza su voluntad. El deber por el deber, no por inclinación. Por ejemplo un terminal de sida o cáncer, a pesar de que desee la eutanasia, no lo hace por un deber, y no por una inclinación orientada por su voluntad. No se es dueño de la vida, por ello se debe esperar.

6. - Teoría del Perfeccionismo. Santo Tomas de Aquino, concibió la teoría de Aristóteles aplicada a la religión. Lo bueno está en la perfección y la perfección está trascendiendo a Dios. Se obtiene con Dios y no en la tierra.

El artículo 520 del Código Orgánico de Tribunales define lo que debe entenderse

por abogado: “Los abogados son personas revestidas por la autoridad competente

de la facultad de defender ante los Tribunales de Justicia los derechos de las

partes litigantes”.

Finalmente, a la moral profesional la podemos definir como el derecho del hombre de tener una profesión, lo cual proviene de una vocación; y a la deontología, como el estudio que se preocupa de los derechos y obligaciones de los profesionales.


2- “Principios supremos”

Según el profesor Gonzalo Fernando Ramírez Águila, dentro de las profesiones jurídicas existen principios afines que se conocen como Principios Supremos de las Profesiones Jurídicas. Aquí encontramos los siguientes:

a- El mantenimiento de los derechos del hombre, traducido en poner en conocimiento a los ciudadanos de los derechos contenidos en las leyes por medio de la promulgación de ésta, que tienen para que en el caso de que sean vulnerados, puedan defenderse o recurrir a un órgano jurisdiccional. Hace referencia también a la existencia de organismos u organizaciones amparados por la administración, las cuales deben tener cierta autoridad para intervenir.

b- La defensa de los derechos del hombre, a cargo de los abogados, quienes para
hacerse cargo de este principio supremo, deben cumplir con los requisitos que
señala la ley y las normas de ética profesional correspondiente.

c- Derecho a que se le restituya un derecho que le fue vulnerado. Esta restitución está entregada a los Jueces, quienes solo aplican la ley interpretándola en ciertos casos. Es el intermedio entre la ley y la persona que pide la restitución a través de un proceso. El juez debe practicar siempre como valores primordiales, la justicia, la equidad, la clemencia y la mansedumbre

d- Se menciona la felicidad del hombre, lo que se puede entender como el no tener duda que se hizo justicia y se alcanzó el bien común.

3- Obligaciones del abogado

Por una parte existen aquellas obligaciones que podríamos llamar “condiciones de existencia”, es decir, requisitos sin los cuales el abogado no puede ser tal; por otro lado, están aquellas sin las cuales el abogado puede, no obstante seguir siéndolo, pues se encuentra dentro de la estricta legalidad de lo que se entiende por abogado, sin embargo su conducta no se ciñe a los deberes morales de la profesión, aquellos que la ética profesional le impone al ejercicio de la abogacía.

1) Requisitos legales o requisitos de existencia del abogado:

a) Tener veinte años de edad.

b) Tener el grado de licenciado en Ciencias Jurídicas otorgado por una Universidad, en conformidad a la ley.

c) No haber sido condenado ni estar actualmente procesado por delito que merezca pena corporal, salvo que se trate de delitos contra la seguridad interior del Estado.

d) Antecedentes de buena conducta que sean intachables.

e) La Corte Suprema podrá practicar las averiguaciones que estime necesarias acerca de los antecedentes personales del postulante.

f) Haber cumplido satisfactoriamente una práctica profesional por 6 meses en las corporaciones de asistencia judicial a que se refiere la Ley No. 17.995, circunstancia que deberá acreditarse por el Director General de la respectiva Corporación. Las Corporaciones de Asistencia Judicial, para este efecto, podrán celebrar convenios con el Ministerio Público y con la Defensoría Penal Pública. (Ley 19.718)

g)Una vez titulado debe estar inscrito en registro general de la orden, pero luego debe sacar una patente y si quiere puede colegiarse.


2) El deber ser del abogado:

Cuando hablamos de ética profesional del abogado, no podemos dejar de hacer un análisis del “Código de Ética Profesional” chileno. Éste está contenido en la ley 4.409 del año 1949 y otorga al colegio de abogados la potestad para regular la conducta de los profesionales del derecho. En general se dan pautas morales para que los abogados las practiquen en su actividad y en sus relaciones profesionales. Se compone de cuatro secciones que establecen, valores generales del ejercicio profesional y obligaciones del abogado para con la autoridad, su cliente y la contraparte.

Artículo 1º: Esencia del Deber Profesional. El deber profesional debe ser empeñoso. Se debe defender con toda diligencia a un particular, atendiendo a la calidad o dificultad del juicio. Debe ser una defensa lícita. Conforme al procedimiento legal. Debe tener legítimo derecho a defensa. Es la independencia, es decir, la libertad de que goza el abogado para una defensa lícita. Toda acción interpuesta debe ser autorizada por ley y patrocinada. Puede interpretar la norma jurídica dentro del proceso. El valor que prima es la justicia.

Artículo 2º: Defensa del Honor Profesional. El abogado tiene la defensa del honor profesional, lo que se ve en su actuación simultánea como demandante y como abogado, roles en los cuales debe velar por el cumplimiento de este deber. Igualmente se relaciona con el compromiso moral, el abogado se obliga no sólo legal y/o contractualmente, sino que también moralmente. Cabe mencionar aquí ciertas prohibiciones que se pueden entender dentro de este artículo. El abogado no puede pedir préstamos o solicitudes al cliente. No puede dejar de pagar préstamos de instituciones extranjeras. Tiene el deber de resguardar el prestigio profesional, por ejemplo, actuando siempre por el estudio jurídico que representa. El letrado debe dar cumplimiento a las obligaciones que contrae no en su calidad de abogado, sino como particular, incluyéndose aquí el pago de la remuneración, imposiciones y desahucio a sus dependientes. Su vida privada debe ser responsable. Existe por último un deber de actuar respetuosamente con los demás colegas en sus declaraciones, no se puede atacar al colega. Prima el valor de la valentía.

Artículo 3º: Honradez. Se refiere a la pérdida, extravío de expedientes, incluso la sustracción, y con el abuso en el caso de los endosos indebidos de documentos. Debe ser leal a su cliente. No puede obtener el patrocinio engañándolo, diciéndole que se puede ganar cuando en realidad es casi imposible. Presentar escritos contrarios a lo manifestado por el cliente. Realizar una defensa negligente, aquí hay falta a la honradez. Celebrar contratos simulados. La honradez y buena fe, como deber ético.

Artículo 4º: Cohecho. El abogado que en el ejercicio de su profesión cohecha a un empleado o funcionario público, falta gravemente al honor y a la ética profesionales. El abogado que se entera de un hecho de esta naturaleza, realizado por un colega, está facultado para denunciarlo a quien corresponda.

Artículo 5º: Abusos de Procedimiento. Esta es la falta de honradez. Incluye la suspensión de los alegatos en 2° instancia, la interposición de recursos infundados contra resoluciones fundadas, promover incidentes durante el juicio injustificadamente, el abuso de procedimiento, llevarse expedientes a la casa.


Artículo 6º: Aceptación o rechazo de Asuntos. Generalmente el abogado católico no lleva las nulidades de matrimonio. El abogado debería rechazar lo que vaya contra la moral. Debe rechazar el defender a las dos partes, lo (prevaricación). Se incluye aquí la libertad para defender al cliente a pesar de ser amigo del otro abogado. Si el abogado no domina la materia no debe aceptar el patrocinio (esto se relaciona con la dignidad del abogado). No se puede aceptar defender causas incompatibles.

Antes de aceptar el caso, hay que estudiarlo. El valor aquí es la libertad.

Artículo 7º: Defensa de Pobres. Esta defensa debe ser completa y sólo se puede negar con causa justificada. Está prohibida la defensa de pobres en la que el abogado le cobra al beneficiario. El valor que se busca es la justicia distributiva.

Artículo 8º: Defensa de Acusados. No puede haber abogados solo excarceladores. Debe seguir todo el juicio. No se puede alegar solo ciertas causas. No se puede tomar el patrocinio de un trámite, sino que de la causa completa.

Artículo 9º: Acusaciones Penales. El abogado que tenga a su cargo la acusación de un delincuente, ha de considerar que su deber primordial es no tanto obtener su condenación como conseguir que se haga justicia.

Artículo 10º: Secreto Profesional. Lo que recibe en forma confidencial jamás debe revelarse. Este deber perdura aun cuando se haya dejado de prestar servicios. El abogado debe evitar que se hagan confidencias ya que lo involucran. Este derecho perdura aun cuando es citado judicialmente. El secreto debe ser absoluto y a todo evento, es decir que no se exime de guardarlo ni siquiera cuando demanda al cliente por el pago de los honorarios, aun así, no se puede revelar el secreto.

Artículo 11º: Alcance de la obligación de guardar el secreto. Generalmente si se trata de llega a un acuerdo se comentan muchas cosas. Estas cosas que se comentan no pueden divulgarse en el juicio. Si lo utiliza luego, podrán ser acusados.

Artículo 12º: Extinción de la obligación de guardar el secreto profesional. Si el cliente le revela al abogado la comisión de un delito, no queda amparado por el secreto profesional. Por ello, en materia penal el abogado igual puede acusar. En materia civil se dan mucho más las confesiones respecto del hecho que defiende el abogado.

Artículo 13º: Formación de clientela. Para formar decorosamente su clientela, los autores señalan que se requiere la honradez y la capacidad profesional, estos elementos hacen innecesarios los avisos luminosos, ya que se atenta contra la dignidad del abogado, sin perjuicio de que el abogado puede repartir tarjetas cuando se lo pidan. Respecto a la forma de hacer publicaciones, no tienen que hacerse contra la dignidad de la persona, no pueden hacerse publicaciones en los diarios. Están prohibidas las asociaciones de personas con un acabado conocimiento jurídico que no sean abogados, como los procuradores (asociaciones ilícitas de abogados).

Artículo 14º: Publicidad de litigios pendientes. No se puede hacer publicidad respecto de un litigio pendiente. Por ejemplo, en el caso de ciertos programas radiales que se dedican a resolver litigios. Lo honesto sería dar una respuesta clara y solvente, de forma personal y al caso concreto. Está prohibida publicación o difusión de las actuaciones judiciales, debe primar la lealtad y el respecto para con los colegas

Artículo 15º: Empleo de medios publicitarios para consultas. Atenta contra la dignidad profesional, el abogado que evacua consultas por radio o emite opiniones sobre su firma por algún medio de comunicación social, sobre casos jurídicos concretos que le sean planteados, sean o no gratuitos sus servicios.

Artículo 16º: Incitación directa o indirecta a litigar.No es ético por ejemplo, publicitar divorcios, reclamos administrativos, etc. También cuando se ofrecen los servicios afuera de los tribunales.

La sección segunda trata las relaciones de los abogados con los tribunales y demás autoridades.

Artículo 17º: Apoyo a la Magistratura. La actitud del abogado no puede ser dependiente del tribunal. Al presentar un escrito debe ir libremente a presentar sus puntos, no pide consejos, su actitud debe ser honesta. En relación con los abogados integrantes, deben cumplir su función y no ir a sentarse y escuchar. En cada causa debe dar su opinión y no dejarse arrastrar por la mayoría. Existe un deber de respeto entre abogados y jueces. La crítica que se le realiza a los jueces, debe ser respetuosa. Evitar cualquier trato despectivo, injurioso, contra el tribunal. El abogado debe contribuir a la seguridad en el tribunal.

Artículo 18: Nombramiento de Magistrados. Es el caso del abogado que tiene influencias en el Ministerio de Justicia, no puede influir en el nombramiento de jueces que sean incapaces, por razones políticas ideológicas, etc.

Artículo 19: Acusación de Magistrados. El colegio de abogados ha ido disminuyendo todas las actuaciones deshonestas que realicen los abogados ante las autoridades competentes, mediante la aplicación firme de sanciones a las infracciones cometidas al poder judicial.

Artículo 20º: Extensión de los artículos anteriores. Se refiere principalmente a la relación que tienen los actuarios con los abogados, ya que lidian todos los días y tienen la obligación de denunciarlos igualmente si ellos cometen una acción deshonesta. Por ejemplo, hacer desaparecer el expediente o entregárselo al abogado.

Artículo 21º: Limitaciones de los ex funcionarios. Los funcionarios judiciales que han desempeñado cargos como secretarios en un tribunal, y han conocidos de ciertos asuntos, si posteriormente pasan a ser jueces del mismo tribunal, deben abstenerse de conoce. También está el caso del juez que cesa en sus funciones y vuelve a tramitar al mismo tribunal. Tampoco se patrocinarán asuntos semejantes y con opiniones diferentes. Es decir, si sostuve la tesis A en un juicio y a la semana siguiente sostengo la tesis B en un juicio de la misma naturaleza, no es ético. Sin perjuicio de que pueda cambiar en muchas veces mi decisión, la cual debe ser fundada en una doctrina.

Artículo 22º: Influencias personales sobre el juzgador. Existen muchas audiencias de pasillo. Esto es un asunto desleal respecto del otro colega. No se debe ejercer influencia sobre el juez. Es una falta grave, porque es aprovecharse de la amistad.

Artículo 23º: Ayuda a los que no están autorizados a ejercer la abogacía. Es el caso de los procuradores ya que los abogados firman cualquier cosa e incluso muchas veces firman en blanco, lo que es una actitud deshonesta que no debe hacerse. A nadie se le debe firmar un escrito. También es el caso de los abogados que ayudan a las personas que no son abogados, con el objeto de hacer organizaciones ilícitas. Por ello, la Corte Suprema revisa los antecedentes del postulante y solo luego de ello se le entregará el titulo.

Artículo 24: Puntualidad. Es deber del abogado ser puntual con los tribunales, con los colegas, con su cliente y con la parte contraria.

La sección tercera habla de las obligaciones éticas del abogado en relación con sus clientes

Artículo 25º: Obligaciones para con el cliente. En el servicio profesional que el abogado presta a un cliente, debe poner de su parte toda su capacidad y empeño, no pudiendo excusarse en actitudes ilícitas, debe dignificar la profesión. Es completamente antiético que el abogado establezca proposiciones ilícitas.

Artículo 26º: Aseveraciones sobre el buen éxito del asunto. Transacciones. No puede dar falsas expectativas, solo puede opinar sobre el derecho que le asista. A ningún cliente se le puede dar seguridad del éxito del juicio. No puede ofrecer cualquier cosa y tampoco debe aceptarlo todo.

Artículo 27º: Atención personal del abogado a su cliente. La relación del abogado no puede ser mediante la secretaria, debe ser personal, sobretodo si ya se han recibido los honorarios.

Artículo 28º: Responsabilidad relativa a la conducción del asunto. El abogado tiene la obligación moral de reconocer cuando es responsable por negligencia, error inexcusable o dolo, allanándose a indemnizar los daños ocasionados a su cliente.

Artículo 29º: Conflicto de intereses. Si ambas partes de un juicio, concurren ante el mismo abogado, éste no puede asumir la defensa de ambas (prevaricación).

Artículo 30º Renuncia al patrocinio. Solo puede renunciarse por causa justificada y sobreviviente.

Artículo 31º: Conducta incorrecta del cliente. El abogado tiene que resguardar que el cliente sea respetuoso con los funcionarios judiciales, pudiendo incluso renunciar al patrocinio.

Artículo 32º: Descubrimiento de impostura o equivocación durante el juicio. Si hay una ventaja injusta, el abogado, debe dar cuenta de ello y avisarle a la contraparte.

Artículo 33º: Honorarios. No deben constituir un móvil determinante en los actos de los profesionales, es la justicia la que debe motivar su actividad, no el dinero. El abogado se protege pactando por escrito la suma de sus honorarios.

Artículo 34º: Bases para estimación de honorarios. Debe atenderse a la importancia de los servicios, la cuantía del asunto, el éxito obtenido y su trascendencia, novedad o dificultad de las cuestiones jurídicas debatidas, la experiencia, reputación y especialidad del profesional; la capacidad económica del cliente, la posibilidad de resultar el abogado impedido de intervenir en otros asuntos o de desavenirse con otros clientes o con terceros. Asimismo, la naturaleza de los servicios profesionales, la responsabilidad que se derive para el abogado de la atención del asunto, el tiempo empleado en el patrocinio, el grado de participación del abogado en el estudio, planteamiento y desarrollo del asunto. Por fin, la circunstancia de que el abogado solamente patrocinó al cliente o si también lo sirvió como mandatario.

Artículo 35º: Pacto de cuota litis. No es reprobable, en tanto no lo prohíban las disposiciones locales y se celebre y escriture antes de prestar sus servicios profesionales sobre bases justas, según las reglas establecidas. Se puede pactar sobre personas que tienen derechos o bienes muebles y que no tienen dinero. Nunca puede exceder del 50% de lo que se percibe. Si el abogado pierde el juicio no gana nada, pero si gana tendrá derecho a cobrar honorarios respecto de estos bienes y derechos.

Artículo 36º: Gastos del asunto. No es recomendable que el abogado los asuma.

Artículo 37º: Adquisición de interés en el asunto. Se refiere a la adquisición de bienes o de algún interés pecuniario relacionado con el asunto patrocinado.

Artículo 38º: Controversias con los clientes acerca de los honorarios. Deben evitarse hasta donde sea compatible con la dignidad profesional y con el derecho a recibir adecuada retribución por los servicio del abogado.

Artículo 39º: Manejo de la propiedad ajena. No se puede disponer de fondos ajenos, se debe pedir aquello que llanamente se haya depositado en el tribunal. Si se percibe se debe dar todo al cliente.

La cuarta sección apunta a la ética del abogado en relación con sus colegas y la contraparte.

Artículo 40º: Fraternidad y respeto entre abogados. Ésta debe enaltecer la profesión, por ejemplo, si un abogado tiene problemas para ir a un comparendo, se debe aceptar la idea de fijar uno nuevo.

Artículo 41º: Trato con la contraparte. Sólo con la intervención del abogado de la contraparte podrá gestionar convenios o transacciones. No se debe instruir a los testigos, inducirlos que responder una determinada pregunta.

Artículo 42º: Substitución en el patrocinio. En caso de sustitución, el nuevo patrocinante debe cuidar que su cliente soluciones los honorarios del colega anterior. Si un abogado tiene una causa determinada y su parte, nombra otro abogado. El nuevo abogado debe hablar con el abogado antiguo para así interponer una acción común.

Artículo 43º: Convenios entre Abogados. Aún cuando no se han observado formalidades legales en su celebración, deben ser cumplidos estrictamente por los abogados que convinieron. Los convenios más importantes deben ser por escrito, pero el honor profesional exige que, aún no habiéndolo sido, se cumplan como si constaran de instrumento público.

Artículo 44º: Colaboración profesional y conflicto de opiniones. Si interviene un tercero el abogado puede no aceptar seguir en el juicio y renunciar al patrocinio, ya que de por medio está la dignidad del abogado.

Artículo 45º: Distribución de honorarios. Solamente está permitida la distribución de honorarios basada en la colaboración y en la correlativa responsabilidad.

Artículo 46º: Asociación entre abogados. Está permitido la asociación entre abogados, pero no la asociación entre abogados y empresa. Salvo que la misma empresa me designe a mi como abogados y a otros más. Si uno de esos abogados asociados, integra la magistratura de una causa que voy a seguir deben designar a otro abogado que conozca del asunto.

Artículo 47º: Deberes hacia su Colegio y Gremio. Es la lealtad y cooperación hacia el colegio. Ejemplo, el abogado que ha intervenido en ciertos juicios de connotación importante que les encomiende el colegio, debiendo ser diligente.

Artículo 48º: Alcance y cumplimiento de este Código. Las normas de este Código se aplican a todo el ejercicio de la abogacía y la especialización no exime de ellas. El abogado, al matricularse en el Colegio de Abogados, deberá hacer promesa solemne de cumplir fielmente este Código de Ética Profesional.

4- Ética interpretativa del abogado

Respecto de las obligaciones impuestas por la ética profesional, antes que entrar a una enumeración de ellas, es preciso referirnos a algunos puntos de gran interés iusfilosófico.

El catedrático José Galiano Haensch, hace un análisis de la ética profesional del abogado como intérprete del derecho. Nos señala que la responsabilidad profesional del abogado es muy grande, porque moralmente, durante la tramitación y fallo de los procesos, es causante de las consecuencias positivas o negativas de su correcta o errónea interpretación. Todo esto por la calidad de expertos en derecho que detentan los abogados, la cual genera en el representado, mandante, patrocinado o asesorado una grado legítimo de confianza que lo llega a seguir los consejos del letrado. Por estas razones, el abogado debe cumplir por las siguientes exigencias éticas mínimas en su labor interpretativa de la ley:

Ajustarse rigurosamente al método legal de interpretación, sea que se trate de reglas de aplicación especial, o de normas generales de interpretación.
Investigar la jurisprudencia judicial o administrativa que corresponda con la situación de facto de la cual conozca.
Precisar las distintas responsabilidades que podrían derivarse de las distintas opciones interpretativas siendo éstas válidas, posible y legítimamente aplicables.
Informar fundadamente al organismo, autoridad o persona asesorada, patrocinada o representada, de todo el proceso interpretativo y de sus conclusiones y eventuales efectos.


Conclusión

(Un alcance en relación con las virtudes)

Nuestro código de ética profesional, si bien es una ley de la República, es obligatorio como tal sólo para los abogados que se encuentren colegiados. Únicamente respecto de éstos existen posibilidades de fiscalización. El problema es que como no existe obligación legal de estar colegiado, la rectitud en el ejercicio de la profesión en el caso de muchos abogados queda entregada a su voluntad de ejercerla poniendo en práctica los valores propugnados por la deontología. El recto comportamiento de los abogados en el ejercicio de su profesión depende en muchos casos del propio concepto que cada uno tenga acerca de lo que es reprochable y de lo que es loable.

Pero más allá de la coercibilidad del código de ética profesional, de quienes quedan obligados por él en estricto rigor y de la forma en que se debe dar cumplimiento a su normativa; es necesario preguntarse acerca de la posibilidad real de que los valores en él establecidos sean cumplidos; lo cual se relaciona directamente con las virtudes.

Lo anterior es indispensable a la hora de enfrentar el tema de la ética profesional desde un punto de vista que pretenda ser ajustado a la realidad. Las virtudes son, en opinión de ciertos autores, una especie de condición de validez, no en el sentido que da Kelsen a la expresión “norma válida”, sino más bien a una validez fáctica en cuanto se puede apreciar cierto conjunto de normas objetivamente, en su puesta en acción -“por medio de los sentidos” como diría Alf Ross-.

Los valores son muy susceptibles - y prácticamente no hay dificultad en ello - de ser declarados e incluso no es muy difícil que a su respecto se llegue a un consenso, a un establecimiento de cuáles deben orientar tal o cual comportamiento. Lo complicado será siempre su materialización, lo cual dependerá en gran medida de las virtudes que posea o practique el sujeto del cual se espera el cumplimiento del valor. El profesor Agustín Squella señala que la moralidad de una persona, así como la de una sociedad cualquiera en su conjunto, no depende de los valores que se prefieren, sino de las virtudes que efectivamente se practiquen. El comportamiento ético de los individuos depende, mucho antes que de los valores que se declaran, de cuánto se practiquen o no esos hábitos de bien.

La idea expuesta nos lleva a concluir que para el éxito real de toda declaración ética es necesario que exista una sincera determinación de los correspondientes sujetos aludidos por sus declaraciones (los abogados en este caso). Sólo de esta manera, no se transforman, deliberada o inconscientemente, en una cortina de humo que se tiende por algunos para que la mayoría de sus colegas en una determinada profesión, semioculta detrás de esa cortina, continúe con el juego sucio de siempre.


BIBLIOGRAFÍA

1-Trabajo presentado por Juan Eduardo Figueroa Valdez, Árbitro del centro de Arbitraje y Mediación de la Cámara de Comercio de Santiago de Chile, en la XXXIX Conferencia de la Inter.-American Bar Association, que tuvo lugar en New Orleáns. Estados Unidos. Junio 2003.

2- “Interpretación del derecho y ética jurídica”, Modesto Saavedra. Editorial Fontamara, primera edición, 1994.

3- “ÉTICA SOCIAL Fundamento y Finalidad de la ÉTICA JURÍDICA”, José Galiano Haensch. Editorial CESOC.

4- “Aspectos morales de la teoría jurídica”, David Lyons. Editorial Gedisa, primera edición.

5- “Métodos de la ética”, Martín Diego Farell. Editorial Abeledo-Perrot, primera edición.

6- Ponencia presentada por Agustín Squella el día Mundial de la Filosofía, Santiago, 24 de Noviembre de 2005, en Mesa acerca de ¿Se puede hablar de justicia?.

7- “La ética y el derecho: ¿Instancias separadas o armónicas?” (discurso encontrado en internet del sr. Carlos José Errázuriz).

8- Trabajo sobre la ética jurídica encontrado en internet, del autor Gonzalo Fernández Ramirez Águila.

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