Cátedra de Filosofía del Derecho

Tuesday, October 10, 2006

REALIZACIÓN ESPIRITUAL

Concepto y análisis a la luz del art 1° inc 4
de la Constitución Política de 1980



Yessie Arlette Villegas Delgado.
Filosofía del Derecho.
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales
Universidad de Concepción


INTRODUCCIÓN

El hombre como ser corpóreo – espiritual, pertenece a dos mundos: al mundo de la naturaleza física y al mundo del espíritu, el de la libertad.

En cuanto ser biológico el hombre participa de las leyes naturales causales al igual que los demás seres materiales. En cuanto ser espiritual, en cambio, posee inteligencia y voluntad, puede conocer, querer o apetecer; puede, por lo mismo, forjarse metas e intentar alcanzarlas, proponerse fines e intentar lograrlos; puede también optar en su comportamiento, elegir, posponer, preferir. En suma, dentro de sus limitaciones, es un ser libre. En este sentido se dice que el hombre es dueño de sus actos, precisamente tanto y en cuanto se los ha propuesto, los ha querido y los ha ejecutado libremente.

Es esta doble dimensión del hombre y su libertad la que lo completa y realiza, desconocer alguno de estos aspectos lo coarta e impide su verdadera perfección. Es este hombre, con las características recién señaladas, el objeto y fin del derecho, su principal preocupación y el destinatario de sus normas.

Una de estas dimensiones del hombre, como recién lo señalamos, es la espiritual, la que se relaciona con lo que este piensa, siente y desea. A través de este trabajo pretendemos clarificar algunos conceptos. Así, partirá esta exposición intentando dar un concepto de la palabra espíritu, a continuación se desarrollará la idea de realización espiritual, de lo que ella implica. Continuaremos las explicaciones vinculando la realización espiritual al bien común y tratando de fundamentar su inclusión en dicho concepto apoyándonos en valores jurídicos como la justicia, para culminar con un análisis del artículo 1° inc 4 de la Constitución Política de la República de 1980 que consagra positivamente la finalidad del Estado: El Bien Común.

CONCEPTO DE ESPÍRITU

Buscar un concepto único y acabado de la palabra espíritu no es una tarea fácil, si revisamos distintos diccionarios o enciclopedias nos encontraremos con una multiplicidad de acepciones que tratan de explicarlo. En todo caso, a pesar de esta dificultad inicial y acudiendo a una idea básica en torno al tema, normalmente identificamos la palabra espíritu con “sustancia incorpórea”, parece ser lo opuesto a la materia. Así, asociamos comúnmente al espíritu con la idea de Dios, los ángeles, seres sobrenaturales de la leyenda o la mitología, almas de personas que han fallecido, etc., pero también con la idea de “alma humana,”como elemento o parte integrante de la naturaleza humana. Es éste último sentido el que nos interesa y al cual daremos preeminencia en estas explicaciones.

El hombre es un compuesto de espíritu y cuerpo. El espíritu lo dota de entendimiento y de libertad, por lo mismo, se erige como aspecto independiente del cuerpo, merecedor de una preocupación especial para su desarrollo, distinta de la que requiere el ámbito material de la vida del hombre. Se trata de la faz de este que puede decirse “lo individualiza”, lo distingue de los demás. Es en virtud de su espíritu, el cual es por esencia libre, que determina sus aspiraciones y busca la realización de las mismas. El espíritu lo alienta a la superación de si mismo y a la cooperación con otros para el logro de fines en común.

La palabra “espíritu” proviene del latín “SPIRITUS” que significa “aliento, soplo.” Normalmente se le asocia con el concepto “alma”, el cual proviene del latín “ANIMA”, que significa “aire, aliento.” El Diccionario de la Lengua Española define este último concepto (alma) como la “parte espiritual e inmortal del hombre, capaz de entender, querer y sentir, y que, junto con el cuerpo, constituye su esencia humana”.

La Real Academia de la Lengua Española entiende por espíritu, en el sentido que nos interesa, como:

-- Alma racional.

-- Vigor natural y virtud que alienta y fortifica el cuerpo para obrar.

-- Ánimo, valor, aliento, brío, esfuerzo.

En el mismo sentido se pronuncia la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Por su parte, la Enciclopedia Universal Larousse (versión multimedia año 2003) entiende por espíritu la “parte no corporal del ser humano, por oposición al cuerpo, a la materia.”


Teniendo en cuenta estos conceptos podemos intentar una definición de espíritu. Así lo entenderemos como una entidad abstracta tradicionalmente considerada la parte inmaterial del hombre por la que piensa y siente, y que junto al cuerpo o parte material, lo constituye en su totalidad, siendo a su vez aquello que le impulsa o alienta a obrar en pro de un fin libremente por él determinado.

REALIZACIÓN ESPIRITUAL

La palabra “realización” ha sido definida por la Real Academia Española como “acción y efecto de realizar o realizarse”, por su parte, el Diccionario de la Lengua Española señala para tal concepto la siguiente definición: “hecho de efectuar o hacer algo real o efectivo”. Así las cosas, realización implica llevar a la realidad alguna cosa, materializar algo que aun no se ha concretado. A partir de esto podemos iniciar estas explicaciones señalando que realizarse supone ir en busca de un aspecto de la vida del hombre, de una perfección con la que no cuenta naturalmente sino que debe encontrar.

La idea de realización espiritual se encuentra íntimamente vinculada a la de realización plena de la condición humana. Sabemos que el hombre se compone de dos esferas, la material y espiritual, por ende, para alcanzar su desarrollo total como persona debe preocuparse no solo de su bienestar material sino también de su prosperidad espiritual.

El hombre no es solamente una entidad racional, tiene necesidades estéticas, tiene sentimientos y emociones, tiene sentido religioso y todo ello se relaciona con el espíritu. Antes de que pensara ya tenía alma, y así como el hombre ha crecido en arte, ciencia, técnica, debe crecer también en sentido espiritual.

Pero, ¿qué implica realizarse espiritualmente?

Como primer punto debemos señalar que la realización espiritual es un tema subjetivo, es decir, se relaciona con la persona individualmente considerada, se encuentra ligada a intereses, necesidades y aspiraciones que cada ser humano tiene en la vida, con lo que cada uno considera valioso y digno de alcanzar. Partiendo de esta base y al ser cada persona única e irrepetible, su estado de plenitud espiritual se va a lograr por vías diversas, son variados los caminos a través de los cuales puede alcanzarse, vinculados estos a las características y deseos de cada ser humano, de allí que no existen parámetros generales que determinen cuando una persona alcanza ese estado, no hay una fórmula común que signifique para todas las personas llegar a su realización espiritual. Lo que si puede indicarse como común es que, para lograrla deben existir condiciones sociales básicas, presupuestos objetivos básicos a partir de los cuales la persona está en situación de ir en busca de esa realización espiritual, de construirla.

La realización espiritual importa para la persona alcanzar un estado de satisfacción máxima consigo misma y con su medio. Recordemos que el hombre no vive solo sino en comunidad, es por esencia un ser social y requiere de otros para lograr sus propósitos, por ello y aunque el fenómeno de la realización espiritual es individual, no es menos cierto que las condiciones sociales, el medio que rodea al hombre es esencial para alcanzar ese propósito.

De lo anterior podemos concluir que el hombre en su estado actual es un proceso incompleto, que requiere de un complemento constituido por la vida espiritual, y que esta última no es paralela, ajena e independiente de la vida cotidiana. El hombre se encuentra en una interrelación constante con su medio, es en contacto con este que reflexiona, determina sus necesidades y guía a su espíritu hacia la plenitud, es en contacto con ese medio que puede compararse con otros seres humanos y realizarse a si mismo gracias a su superioridad con respecto a otros, del mismo modo que reconoce sus inferioridades cotejadas con otros. El medio es el parámetro que sirve a la persona como indicador de su propia realización. Su entorno es el espejo de sus propias aspiraciones y determina además las vías para alcanzarlas.

Señalamos anteriormente la necesidad de la existencia de condiciones objetivas básicas que permitan la plenitud espiritual, nos preguntamos ahora pues ¿quién es responsable de crear tales condiciones?

Sin temor a equivocarnos podemos señalar que tal responsabilidad recae en la sociedad, mas precisamente en la sociedad vista desde el punto de vista del derecho, esto es, al Estado, a la organización que se da la colectividad para alcanzar el bien común. La sociedad y el Estado se componen de personas, ellas están en sus bases, de allí que su preocupación y esfuerzos estén encaminados a lograr la realización de quienes lo conforman, solo de esta manera se logrará una adecuada y sana vida de la colectividad. Esto importa a su vez, reconocer el carácter dual del ser humano (corporal y espiritual) y lograr las condiciones adecuadas para que ambos aspectos de la vida del hombre se desarrollen satisfactoriamente. En los próximos apartados trataremos de explicar con más detalle que significa y que se persigue con el bien común.

Por ahora señalaremos que es en virtud de la realización del espíritu que la persona humana alcanza un estado interior de bienestar permanente, de fusión consigo mismo, con su entorno y con el sentido trascendente; y que es en busca de esa realización que la persona y su medio pondrán todos sus esfuerzos para un desarrollo integral tanto individual como social.

LA REALIZACIÓN ESPIRITUAL VINCULADA AL BIEN COMÚN. ¿POR QUÉ ES UN ELEMENTO INTEGRANTE DE ÉSTE?

El bien común constituye en nuestro medio el Fin del Estado, su propósito; esto es, el bien de la sociedad respectiva de la que la persona es miembro. Se consagra en el art. 1° inc 4 de la Constitución (el cual será analizado en detalle más adelante). Señala esta norma en su parte pertinente que el Estado…. “debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible…” Se caracteriza porque supone el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de la persona, el desarrollo de los bienes espirituales y materiales de ésta y de la sociedad, la paz y la seguridad de todos.

Resulta entonces pertinente preguntarnos, ¿por qué la realización espiritual integra al bien común?

Luego del análisis previo que hemos formulado, entendemos que la persona humana se integra de dos características unidas en términos inseparables, el cuerpo y el alma; y que su desarrollo pleno pasa por la satisfacción de estas dos esferas. Ahora, si el fin del Estado es el bien común, y en este tiene un rol fundamental la persona humana, lo lógico es que este se preocupe del desarrollo no solo material de la persona, sino también de su desarrollo espiritual. En definitiva, se trata de una exigencia derivada de la propia esencia humana, de su dignidad, de su naturaleza intrínseca que indica que el hombre no es solo cuerpo sino también espíritu. Respetar esta dualidad esencial es deber del Estado, de sus órganos, de cada uno de los miembros de la sociedad y de los grupos intermedios; procurar crear las condiciones adecuadas para que la persona se desenvuelva material y espiritualmente también. Se trata en realidad de una exigencia de justicia para con el propio género humano, de reconocerlo en su integridad y su dignidad.

Es el valor justicia el que alienta a reconocer a la realización espiritual como integrante del bien común ya que, como dijimos, el hombre por esencia se constituye de cuerpo y alma, por ende, desconocer esta realidad implica coartar la dimensión humana y por ende, un acto injusto con la misma.

Son variadas las definiciones que se han intentado del valor justicia, sin embargo la que ha trascendido a todas las épocas es la de Ulpiano quien señaló que esta es “dar a cada uno lo suyo”. Desde el punto de vista de la realización espiritual este dar a cada uno lo suyo se expresa en el bien común, en un aspecto de este (recordemos que la otra parte se relaciona con el logro de condiciones que permitan la realización material). A través de la labor del Estado en pro del bien común se logra un objetivo de justicia social, es decir, que todas las personas, sus familias y los cuerpos intermedios encuentren en su seno las condiciones adecuadas para su íntegra realización, ello implicará no solo la plenitud de su dimensión material sino también de la espiritual. Esa es la labor del Estado, existiendo las bases adecuadas será responsabilidad de cada persona alcanzar la plenitud de su ser de acuerdo a las necesidades e intereses que valla manifestando a lo largo de su existencia y que se traducirán en una adecuada calidad de vida.

Todo lo recién señalado tiene una enorme importancia, ya que por ésta vía se logra no solo la plenitud personal del ser humano sino también el desarrollo y bienestar de la sociedad. Recordemos que el hombre por su naturaleza, es un ser social, vive en comunidad y se relaciona con otros, necesitando de estos para alcanzar sus fines particulares. Solo respetando y promoviendo la dimensión social del hombre éste y la sociedad en que se desenvuelve crecerán en plenitud. A este respecto resulta pertinente citar el documento Hacia un modelo de desarrollo para el siglo XXI presentado por la comunidad internacional Bahá´í en el marco del comité preparatorio para la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, Estrategia y Plan de Acción mundiales para el desarrollo social (Nueva York, año 1994). Señala este documento: “Hasta que las necesidades tanto materiales como espirituales y las aspiraciones de las personas no reciban su debido reconocimiento, los esfuerzos por el desarrollo continuarán viéndose frustrados en su mayor parte. La felicidad, la seguridad y bienestar, la cohesión social y la justicia económica no son meros subproductos de los logros materiales. Antes bien, estos surgen de la interacción entre la satisfacción de las necesidades materiales y sociales y la realización espiritual de la persona.”


ANÁLISIS DEL ART 1° INC 4 DE LA CONSTITUCIÓN POLITICA DE 1980

El art. 1° de la Constitución Política de 1980 forma parte del primer capítulo de nuestra Carta Fundamental, el que lleva por nombre “Bases de la Institucionalidad”. Este capítulo, a través de sus nueve artículos, pretende sentar los cimientos sobre los cuales se construirá el orden jurídico y social nacional, además de ser reflejo de la doctrina inspiradora del texto constitucional: el humanismo – cristiano.

Estas “bases” son de gran importancia, ya que orientan la actividad de los diversos órganos del Estado y de sus autoridades. Por otro lado, significa que ellas deberán tenerse en cuenta al tiempo de crear e interpretar otras normas jurídicas, sean de rango constitucional o de otro inferior a este. En este sentido, señala el profesor Alejandro Silva Bascuñán 1 que “En el Capítulo I el constituyente ha procurado sintetizar los aspectos más trascendentales de lo que cabe calificar – siguiendo el lenguaje de Georges Burdeau- como la idea de derecho que pretende configurar, a fin de que los demás preceptos aparezcan lógicas concreciones particulares, en relación a la materia específica a que ellos se van refiriendo, de las deducciones que derivan necesariamente de la inspiración esencial que anima a la Carta Fundamental.

Representan así estas “Bases” el compromiso que pretende generar el constituyente para asegurar el respeto de la filosofía jurídica por la que la Ley Fundamental se decide y que se comprueba consecuentemente en todo el articulado”.

La concepción ideológica que inspira a la Carta tiene su justificación en los siguientes documentos:

A) “Metas u Objetivos Fundamentales para la Nueva Constitución Política de la República” (26/11/1973)2, que expresaba sobre el particular: “La estructura constitucional descansará en la concepción humanista cristiana del hombre y de la sociedad, que es la que responde al íntimo sentir de nuestro pueblo, y según la cual la dignidad del ser humano, su libertad y derechos fundamentales, son anteriores al ordenamiento jurídico, el que debe prestarles segura y eficaz protección”.

B) “Declaración de Principios del Gobierno de Chile” (11/3/1974)3, que en su capítulo II llamado Concepción del Hombre y de la Sociedad señaló: “En consideración a la tradición patria y al pensamiento de la inmensa mayoría de nuestro pueblo, el Gobierno de Chile respeta la concepción cristiana sobre el hombre y la sociedad….. De acuerdo con lo anterior, entendemos al hombre como un ser dotado de espiritualidad. De ahí emana con verdadero fundamento la dignidad de la persona humana, la que se traduce en las siguientes consecuencias: (solo la enunciaremos)

1. El hombre tiene derechos naturales anteriores y superiores al Estado.

2. El Estado debe estar al servicio de la persona y no al revés.

3. El fin del Estado es el bien común general.

4. El bien común exige respetar el principio de subsidiariedad.

5. El respeto al principio de subsidiariedad supone la aceptación del derecho de propiedad privada y de la libre iniciativa en el campo económico.”

A continuación haremos un análisis particular del art.1° inc. 4 de la Constitución, a la luz de las ideas recientemente señaladas.

El inciso en cuestión trata lo que se conoce como Fin del Estado. Señala la norma: “El Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece”.

El Fin del Estado no es otro que el Bien Común, en términos simples entendemos como tal el bien de la sociedad respectiva de la que la persona es parte, como el conjunto de condiciones sociales que permita a todos y a cada uno de los chilenos alcanzar su plena realización personal.

En esta tarea esencial, el Estado debe tener como centro de su actividad a la persona humana y a sus expresiones más inmediatas, la familia y los cuerpos intermedios, así debe entenderse cuando la norma expresa que “el Estado está al servicio de la persona humana”. Se consagra de este modo la concepción personalista, por la cual se afirma que el Estado es un instrumento que sirve al hombre y no al revés, es éste la razón, esencia y propósito de existir del ente estatal. Por sobre el Estado se encuentra, en el nivel más alto, la persona humana, porque ella se proyecta en su trascendencia ultraterrena y en su unión con la Divinidad.

Otro aspecto que caracteriza al bien común es que este es público, pues se destina a la perfección de todas y cada una de las personas que viven en sociedad. En palabras del profesor Hernán Molina Guaita4 se trata de ”un bien distinto a los bienes particulares de las personas o de los bienes comunes particulares de los grupos intermedios. Tampoco es la suma de todos ellos, ni contradictorio con ellos, aun cuando pueda imponerles limitaciones por razones de justicia”.

Debemos tener presente además que la labor del Estado pasa por “promover” el bien común, es decir, tomar la iniciativa para su logro. De esto se desprende que si bien el Estado es el primer responsable en alcanzarlo no es el único en esta tarea, sino que coopera a la acción de las personas, sus familias y los cuerpos intermedios. El Estado debe tener una actitud activa y dinámica en el logro del objetivo que le es ineludible, la promoción del bien común.

Se trata por otra parte de un bien común instrumental, pues el ente estatal “debe contribuir a crear ciertas condiciones sociales”, pero no cumple por si mismo los bienes particulares de las personas y grupos intermedios. Todo hombre, según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, participa en la realización del bien común de diversas maneras y el Estado cooperará a esta acción sin sustituir jamás a sus miembros. Por el contrario, el Estado solo asumirá directamente aquellas funciones que las sociedades intermedias o particulares no están en condiciones de cumplir adecuadamente, ya sea porque de suyo desbordan sus posibilidades (como el caso de la defensa nacional), o porque su importancia para la colectividad no aconseja dejarlas entregadas a grupos particulares restringidos (casos de los servicios o empresas estratégicas o fundamentales para la nación) o porque envuelven una coordinación general que por su naturaleza corresponde al Estado. Es esto lo que se conoce como el Principio de Subsidiariedad.

Por otra parte, quienes serán favorecidos con esta contribución a que el Estado está obligado son “todos y cada uno de los integrantes de la comunidad nacional” y estos son, como ya lo hemos indicado, las personas, sus familias y los grupos intermedios.

La actividad estatal debe estar encaminada a “crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible”, ello implica que dichas condiciones sociales serán aquellas que se dirijan a crear el ambiente, el clima que les facilite los objetivos que para su beneficio particular se trazan libremente los miembros individuales o colectivos de la comunidad nacional. En palabras del profesor Alejandro Silva Bascuñán5 “Las condiciones sociales a que el constituyente quiere aludir son cabalmente, los valores colectivos cuya consideración, cuidado y vigencia equivalen a los presupuestos que favorecen una calidad de vida que permita a cada cual, según sus propias finalidades, propender a la consecución de sus particulares objetivos”. Pues bien, es en estas condiciones sociales que la persona se encontrará apta para alcanzar no solo su realización material sino también la espiritual. Es pertinente recordar aquí que el ser humano se compone no solo de un aspecto corporal sino también de una dimensión espiritual, y son estas dos características las que, unidas en términos inseparables dan vida a la persona humana y la expresan en plenitud; y que si bien aun cuando al Estado no le compete velar directamente por la trascendencia del hombre (ello es una tarea personal), su acción debe, no obstante, en todo momento, favorecerla.

Finalmente, toda esta tarea debe emprenderse por el Estado con pleno respeto a los derechos y garantías que la Constitución establece. Ello supone que en su actividad destinada al logro del bien común deberá tener como referente y límite los derechos fundamentales, y es importante señalar que ellos no son solo los que la “Constitución establece” como señala el inciso en comento. Recordemos que el inc 2 del art 5 de la Carta reconoce como límite al ejercicio de la soberanía el respeto a los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana, por ende ellos no se limitan solamente al enumerado que pueda hacer la Carta Fundamental, ellos trascienden a esta Norma justificándose y existiendo en virtud de la persona humana y no por su consagración en el Texto Constitucional.

Con relación a este último aspecto (derechos humanos) y vinculando el tema a la realización material y espiritual en el logro del bien común, señalaremos que, para alcanzar dicha realización, deben existir ciertos presupuestos básicos. Ellos pasan por reconocer, a nuestro parecer, la existencia de estos derechos fundamentales, inherentes a todo hombre por su sola naturaleza.

Debe tratarse de un reconocimiento no solo en la letra de la ley, sino a través de hechos concretos que revelen la preocupación del Estado por la persona humana y que demuestren verdaderamente que ella es el centro de su actividad. Recordemos que dichos derechos no solo se relacionan con la dimensión individual del hombre (derechos civiles y políticos o derechos de primera generación), sino también con su dimensión social, los cuales se agrupan bajo el concepto de derechos económicos, sociales y culturales o derechos de segunda generación. Se han definido como aquellos derechos fundamentales de la persona que le posibilitan exigir de la autoridad competente el acceso a los satisfactores económicos, sociales y culturales relacionados al logro de un nivel de vida digno. Como ejemplo de ellos podemos mencionar el derecho a un nivel de vida adecuado, el derecho al trabajo, el derecho a la seguridad social, a la protección de la salud, el derecho a participar en la vida cultural, la libertad para la investigación científica y la actividad creadora y principalmente el derecho a la educación. Es a través de la tutela de estos derechos, y principalmente del derecho a la educación que pueden lograrse aquellas “condiciones sociales” de que habla la Constitución que posibilitan la realización material, pero particularmente la realización espiritual del ser humano, por medio de ellos se pretende lograr la igualdad material inspirada en el ideal de justicia social, y por esta vía a su vez, dar a las personas aquellas condiciones necesarias para su realización espiritual.

Los derechos económicos, sociales y culturales se han reconocido en una serie de convenciones y tratados internacionales, por vía de ejemplo señalaremos la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (10/12/1948), el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (16/12/1966); ambas fruto del trabajo de Naciones Unidas y la Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) de 22/11/1969, labor de la Organización de Estados Americanos. En todos estos textos se consagra el compromiso y el deber de los Estados de tener un rol activo en la adopción progresiva de medidas que favorezcan estos derechos, siempre dentro de las posibilidades y de la realidad de cada ente estatal.

Junto a estos derechos económicos, sociales y culturales señalaremos que existe una nueva categoría de derechos que viene a reforzar las ideas recién expuestas, son los derechos de la solidaridad o de tercera generación. Entre ellos podemos mencionar el derecho a la paz, a un medio ambiente sano, el derecho al desarrollo y el derecho a la libre determinación de los pueblos. Si bien muchos de ellos aun están en formación, no puede negarse que su reconocimiento permite, al igual que ocurre con los derechos económicos, sociales y culturales, crear las condiciones que permitan a todos y cada uno alcanzar la realización tanto material como espiritual.

CONCLUSIÓN

A partir de las exposiciones recién realizadas y considerando que el género humano cuenta con dos facetas, una material corpórea y otra espiritual podemos concluir lo siguiente:

Para una completa realización de la persona humana, no solo debe existir una preocupación por sus necesidades materiales sino también por las espirituales.

El hombre, como ser social, satisface sus necesidades y realiza la plenitud de su persona con la cooperación de otros, tiende así a agruparse de diversas maneras para lograr los fines que se ha propuesto. Se desarrolla en contacto con otros, en primer lugar a través de la familia y luego por vía de asociaciones o cuerpos intermedios por medio de los cuales canaliza sus inquietudes.

Toda regulación jurídica que diga relación con la persona humana, partiendo desde la Constitución misma, debe respetar y promover no solo el ámbito material de su vida sino también el espiritual.

La labor de la sociedad, y del Estado como expresión de esta, pasa por concretar condiciones básicas a partir de las cuales la persona pueda por si misma, y a través de los grupos o asociaciones que conforma, alcanzar su realización espiritual. Ello constituye un aspecto del Bien Común a que alude el art 1°inc 4 de la Constitución. El otro se conforma por su realización material, el cual queda igualmente incluido en este concepto.

Es por razones de justicia que se integra al concepto de Bien Común la idea de realización espiritual, como una forma de reconocer a la persona humana en la plenitud de su ser.

La realización espiritual apunta a que cada ser humano alcance un estado interior de bienestar que le permita proyectarse como persona, sintiéndose plena consigo misma y con el medio con el cual interactúa.

BIBLIOGARFÍA

LIBROS:

Mead George H, “Espíritu Persona y Sociedad. Desde el punto de vista del Conductismo Social”, Editorial Paidos, Ciudad de México, 1990.

Molina Guaita Hernán, “Derecho Constitucional”, Editorial Lexis Nexis, sexta edición, Santiago, 2006.

Russel Bertrand, “Análisis del Espíritu”, Editorial Paidos, segunda edición, Buenos Aires, 1958.

Silva Bascuñán Alejandro, “Tratado de Derecho Constitucional Tomo IV: La Constitución del 1980. Bases de la Institucionalidad, Nacionalidad y Ciudadanía, Justicia Electoral”, Editorial Jurídica de Chile, segunda edición, Santiago, 1997.

Williams Jaime – Dougnac Antonio, “Introducción a la Vida Cívica”, Editorial Universitaria, decimotercera edición, Santiago, 1995.

FUENTES DOCUMENTALES:

Caldera Delgado Hugo, “Fuerza normativa de las disposiciones contenidas en el Capítulo I Bases de la Institucionalidad de la Constitución Política de 1980”, Revista de Derecho y Jurisprudencia y Gaceta de los Tribunales, Tomo LXXXVII N°1 año 1990 Pp. 25 – 33.

Comisión de Reforma Constitucional, “Metas u Objetivos Fundamentales para la Nueva Constitución Política de la República (26-11-1973)”, en Anuario de Derecho Administrativo, Universidad de Chile, N°1 (1975-1976) Pp. 505 y sgts.

Junta de Gobierno, “Acta Constitucional N°2. Bases Esenciales de la Institucionalidad Chilena (DL 1551 de 19-9-1976)”, en Anuario de Derecho Administrativo, Universidad de Chile, N°1 (1975-1976) Pp. 562-565.

Junta de Gobierno, “Declaración de Principios del Gobierno de Chile (11-3-1974)”, en Anuario de Derecho Administrativo, Universidad de Chile, N°1 (1975-1976) Pp. 515-527.